Un nuevo estudio revela las barreras que enfrentan los profesores de educación superior en la región y destaca la urgencia de repensar las estrategias pedagógicas frente a los desafíos ambientales y sociales.
Frente a una crisis climática y socioeconómica cada vez más compleja, la educación superior se ha convertido en un campo de batalla clave para el cambio. Mientras que los estudiantes universitarios han tomado la delantera —con iniciativas como la Revista de Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo Sostenible (REsIDeS) o el proyecto GAIA en la Universidad de San Andrés (UdeSA)—, surge un interrogante ineludible: ¿qué rol están asumiendo quienes están al frente del aula?.
Una reciente investigación publicada en el International Journal of Sustainability in Higher Education pone la lupa sobre las competencias de los docentes universitarios en América Latina. El estudio, liderado por Carla Sabbatini (Directora Ejecutiva de la Cátedra UNESCO de la Escuela de Educación de UdeSA), junto a investigadores de la Universidad Austral, la Universidad EAFIT (Colombia) y UdeSA, analizó la preparación del cuerpo docente mediante consultas a 18 expertos internacionales.
Las barreras: falta de conocimiento y mirada extranjera
Si bien los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 funcionan como una “hoja de ruta”, la investigación revela serias dificultades para su implementación regional. Entre los principales obstáculos destacan que muchos docentes son excelentes profesionales en sus campos, pero carecen de herramientas para enseñar sostenibilidad de manera transversal. Además, las universidades latinoamericanas continúan reproduciendo el conocimiento del Norte global, ignorando a menudo sus propias realidades bioculturales y desigualdades socioeconómicas.
Los autores destacan que existe un vacío de conocimiento técnico y metodológico sobre cómo abordar la temática. “En Argentina, estamos atravesados por un error de interpretación coyuntural que tiene un precio alto, porque estos temas no siempre se entienden bien, no se abordan de manera adecuada o se habla poco sobre ellos”, advierte Sabbatini.
Para los investigadores, pensar la sostenibilidad exige repensar desde dónde se construyen las respuestas. “A mí me gusta definir a la sostenibilidad como un camino, un desafío hacia adelante, no como un punto de llegada”, sostiene Sabbatini.
Bajo esta premisa, el equipo propone entender la educación no solo como transmisión de información, sino como un proceso de adquisición de habilidades y valores. Sin embargo, esto representa un reto mayúsculo para los profesionales. Según explica la directora, educar en este contexto “requiere una disposición a incomodarte, porque fuiste formado para otra cosa: para llevar adelante un juicio o dirigir una empresa, por ejemplo, no necesariamente para educar a otros”.
